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Conócenos

SOMOS UNA IGLESIA QUE EXISTE PARA PROCLAMAR EL EVANGELIO DE JESUCRISTO A FIN DE QUE TODA PERSONA LO CONOZCA, LO AME Y LO SIGA COMO UN DISCÍPULO FIEL, INTEGRÁNDOSE ACTIVAMENTE A LA VIDA DE LA IGLESIA.

 

NUESTRA HISTORIA

En 1976 un pequeño grupo de jóvenes comenzaron a reunirse a estudiar la Palabra de Dios en el parque de la colonia Monumental en Ciudad Juárez, Chihuahua, México, buscando conocer más a Dios.

 

Continuaron reuniéndose en aquel lugar cada semana durante 4 años, formando así el grupo “Sin Nombre”. En 1980 el Señor les pone en su corazón formar una iglesia que siguiera el patrón del Nuevo Testamento, buscando ser parte de un ministerio sólido y establecido.

Con el paso de los años fueron creciendo en número, reuniéndose en diferentes lugares de la ciudad hasta que construyeron su primer edificio, constituyéndose durante ese tiempo oficialmente como una Iglesia bajo el nombre de Centro Comunidad Cristiana. Providencialmente en esos años, conocieron y se integraron a una familia de iglesias llamada People of Destiny International (ahora Sovereign Grace Churches), atraídos por su centralidad en el evangelio, su pasión por la sana doctrina, su apertura al ministerio del Espíritu Santo y su compromiso de plantar y fortalecer Iglesias locales, integrándose formalmente en 1987.

En el año 2000, por medio de la provisión milagrosa que el Señor dio, la iglesia tuvo la oportunidad de construir un nuevo edificio, cuyas instalaciones actualmente albergan, tanto a la Iglesia, como al Instituto Visión México (www.ivmcj.edu.mx), el cual es un ministerio de enseñanza cristiana que brinda educación con una cosmovisión bíblica en los niveles de kínder, primaria y secundaria, el cual inició desde 1993.

En septiembre de 2001, la Iglesia cambió su nombre a Iglesia Gracia Soberana de Cd. Juárez y desde entonces, la Iglesia se ha dedicado al cumplimiento de la misión de la proclamación del evangelio y hacer discípulos. Además, por la gracia de Dios, se han plantado algunas iglesias en otras partes de México, contribuyendo a la expansión de la familia de iglesias de Gracia Soberana en nuestra región de Latinoamérica.

 

¿QUÉ ES EL EVANGELIO?

  El evangelio son las buenas nuevas de Jesucristo y todo lo que Él hizo en su vida, muerte, resurrección y ascensión para hacer posible la salvación para la humanidad. Por lo tanto, el evangelio no es una acción o un logro humano sino más bien un logro divino, objetivo e histórico que permanece veraz e inmutable a pesar de la opinión o respuesta humana. El evangelio constituye el mensaje central de la Biblia, la cual en todas sus partes da testimonio de los actos salvíficos de Dios culminando en la persona y obra de Cristo. Estas buenas nuevas son el poder de Dios para salvación a todos los que creen, proveyendo esperanza para los perdidos y consuelo y fortaleza constantes para el creyente. No hay salvación sin Cristo Jesús, porque no hay otro nombre dado bajo el cielo por el cual podamos ser salvos.

  Dios manda que el evangelio sea proclamado a todas las personas en todo lugar, pero todas las personas

están espiritualmente muertas y son incapaces de responder a estas nuevas de salvación. Por lo tanto, Dios por su gracia llama eficazmente a sí mismo a aquellos que Él eligió salvar en Cristo. A través de la proclamación del evangelio, el Espíritu Santo regenera a los elegidos y los trae a una unión viva con Cristo, otorgándoles vida espiritual nueva, abriéndoles sus ojos para que vean la gloria de Dios en Cristo, y capacitándolos para responder al evangelio en fe y arrepentimiento. Con una mente y un corazón renovados, nosotros recibimos a Cristo y confiamos totalmente en Él para salvación, volviéndonos de nuestro estilo de vida pecaminoso y egoísta para amar y seguir a Cristo en obediencia gozosa.

  Sólo aquellos que responden al evangelio de esta manera serán salvos, aunque aún esta respuesta es un don de la gracia y misericordia de Dios, lo cual asegura que sólo Él reciba la gloria por nuestra salvación.

 

NUESTROS PASTORES

Carlos
Contreras
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Abelardo
Muñoz
Alejandro
Anchondo
Cuauhtémoc
Campos
 

CONFESIÓN DE FE

LAS SAGRADAS ESCRITURAS 

Aceptamos la Biblia como un registro esencial e infalible de la auto revelación de Dios a la humanidad. Sostenemos que las Escrituras deben interpretarse de acuerdo a su contexto y propósito original y en obediencia reverente a Dios quien habla a través de ellas con poder viviente. En este sentido, las Escrituras tienen autoridad y son suficientes para ser la guía y regla normativa para todo lo concerniente a la vida, la práctica y la doctrina Cristiana.

DIOS TRINO 

Creemos que hay un solo Dios: infinito, eterno, todopoderoso, y perfecto en santidad, verdad y amor. En la unidad de la Deidad hay tres personas, Padre, Hijo y Espíritu Santo, co-existentes, co-iguales, co-eternos. El Padre no es el Hijo, y el Hijo no es el Espíritu Santo, sin embargo, cada uno es verdaderamente Dios.

DIOS PADRE 

Dios el Padre es el Creador del cielo y de la tierra. Por Su palabra y para Su gloria, Él libremente y sobrenaturalmente creó el mundo de la nada. Él gobierna sobre todo, es el único Soberano, y sus planes y propósitos no pueden ser frustrados. Él es fiel en cumplir toda promesa, y en su gracia inmensurable dio a su Hijo, Jesucristo, para la redención de la humanidad. Él hizo al hombre para que tuviera comunión con Él mismo, y determinó que toda la creación debería vivir para la alabanza de Su gloria.

JESUCRISTO 

Jesucristo, el Unigénito Hijo de Dios, es el Verbo eterno encarnado, concebido sobrenaturalmente por el Espíritu Santo y nacido de la Virgen María. Él es plenamente Dios y plenamente hombre. Por él todas las cosas llegaron a existir y fueron creadas. Él ya existía antes de todas las cosas y en Él todas las cosas se sostienen por la palabra de Su poder. Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda la creación, y en Él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad. Él es el único que puede salvar al mundo de sus pecados, habiendo derramado su sangre al morir una muerte vicaria en la cruz del Calvario. Por su muerte en nuestro lugar, Él reveló el amor divino y cumplió la justicia divina, quitando nuestra culpa y reconciliándonos con Dios. Habiendo pagado el precio de nuestra redención, al tercer día resucitó corporalmente de la tumba, victorioso sobre la muerte y los poderes de las tinieblas. Después, ascendió al cielo donde, a la diestra de Dios Padre, Él intercede por su pueblo y gobierna como Señor de todo. Él es la Cabeza de Su cuerpo, la Iglesia, y debiera ser adorado, amado, servido y obedecido por todos.

EL ESPÍRITU SANTO 

El Espíritu Santo, el Señor y Dador de vida, redarguye al mundo de pecado, justicia y juicio. A través de la proclamación del Evangelio, Él persuade a los hombres de que se arrepientan de sus pecados y confiesen a Jesús como Señor. Por este mismo Espíritu, las personas son guiadas a confiar en la misericordia divina. El Espíritu Santo produce el nuevo nacimiento, habita dentro de los que han sido regenerados y une a los creyentes a Cristo Jesús por medio de la fe. Él conducirá a la Iglesia a un entendimiento correcto y a una aplicación amplia de la verdad de la Palabra de Dios. Él ha de ser respetado, honrado y adorado como Dios la Tercera Persona de la Trinidad.

EL HOMBRE 

Dios hizo al hombre - varón y hembra – a su propia imagen, como la corona de la creación, para que el hombre pudiera tener comunión con Él. Tentado por Satanás, el hombre se rebeló contra Dios. Siendo apartado de su Hacedor, pero aún responsable ante Él, quedó expuesto a la ira divina, y vino a ser corrupto en su ser interior y, a menos que experimente una obra especial por gracia, es totalmente incapaz de regresar a Dios. Esta corrupción es radical e impregna todo su ser. Abarca su mente, su voluntad y sus afectos. El hombre no regenerado vive bajo el dominio del pecado y de Satanás, está enemistado con Dios y es hostil hacia Dios. Las personas caídas, pecaminosas, cualesquiera sean su carácter o sus logros están perdidos y sin esperanza a no ser que encuentren salvación en Cristo.

EL EVANGELIO 

El Espíritu Santo, el Señor y Dador de vida, redarguye al mundo de pecado, justicia y juicio. A través de la proclamación del Evangelio, Él persuade a los hombres de que se arrepientan de sus pecados y confiesen a Jesús como Señor. Por este mismo Espíritu, las personas son guiadas a confiar en la misericordia divina. El Espíritu Santo produce el nuevo nacimiento, habita dentro de los que han sido regenerados y une a los creyentes a Cristo Jesús por medio de la fe. Él conducirá a la Iglesia a un entendimiento correcto y a una aplicación amplia de la verdad de la Palabra de Dios. Él ha de ser respetado, honrado y adorado como Dios la Tercera Persona de la Trinidad.

LA RESPUESTA DEL HOMBRE AL EVANGELIO 

La respuesta del hombre al Evangelio está arraigada y fundada en la libre e incondicional elección de Dios para Su propio deleite y gloria. También es verdad que el mensaje del Evangelio solo es eficaz para aquellos que se arrepienten genuinamente de sus pecados y que, por la gracia de Dios, responden con fe salvadora en Cristo. El arrepentimiento bíblico se caracteriza por una vida transformada, y la fe salvadora produce la evidencia de servicio al reino y obras dignas del reino de Dios. Mientras que ni el arrepentimiento ni las obras por sí mismas pueden salvar, a menos que alguien esté dispuesto a negarse a sí mismo, a tomar su cruz y seguir a Cristo, no podrá llegar a ser su discípulo.

LA HERENCIA DEL HOMBRE POR MEDIO DEL EVANGELIO 

 

La Salvación, el regalo gratuito de Dios, es concedida por gracia solamente, a través de la fe solamente, en Cristo solamente, para la gloria de Dios solamente. Cualquier persona que se aparte del pecado en arrepentimiento y ponga sus ojos en Cristo y su muerte sustitutoria, recibe el don de la vida eterna y es declarado justo por Dios como un regalo gratuito. La justicia de Cristo le es imputada a dicha persona y es declarada justa delante de Dios y totalmente aceptada por Él. Sólo a través del sacrificio expiatorio de Cristo por el pecado, una persona es reconciliada con Dios y se convierte en hijo de Dios.

LA SANTIFICACIÓN 

El Espíritu Santo es el agente activo en nuestra santificación y produce Su fruto en nosotros a medida que nuestras mentes son renovadas y somos conformados a la imagen de Cristo. Aunque el pecado que mora en nosotros continúa siendo una realidad, al ser guiados por el Espíritu crecemos en el conocimiento del Señor, cumpliendo libremente Sus mandamientos. Las disciplinas espirituales, en especial el estudio de la Biblia, la oración, la adoración y la confesión, son medios de gracia vitales para dicho propósito. Todos los creyentes son exhortados a perseverar en la fe, sabiendo que darán cuentas a Dios por cada pensamiento, palabra y obra. Sin embargo, la confianza suprema del creyente de que podrá perseverar, está basada en la promesa segura de que Dios mismo preservará a su pueblo hasta el final.

INVESTIDOS DE PODER POR EL ESPÍRITU 

Además de efectuar la regeneración y la santificación, el Espíritu Santo confiere poder a los creyentes para el testimonio y servicio cristianos. Aunque el Espíritu Santo viene a morar en todo creyente genuino desde el momento de su conversión, el Nuevo Testamento también enseña la importancia de una obra continua de impartición de poder por parte del Espíritu, posterior a la conversión. Ser morada del Espíritu Santo y ser lleno del Espíritu Santo son experiencias teológicamente distintas. El Espíritu Santo desea llenar a cada creyente continuamente con mayor poder para la vida y el testimonio cristianos, e imparte sus dones sobrenaturales para la edificación del Cuerpo de Cristo y para diferentes obras de ministerio alrededor del mundo. Todos los dones del Espíritu Santo que se manifestaron en la iglesia del primer siglo siguen disponibles en nuestros días, son vitales para la misión de la iglesia y deben ser fervientemente anhelados y practicados.

LA IGLESIA 

Dios por medio de su Palabra y de su Espíritu crea la Iglesia, llamando a pecadores de entre toda la raza humana a la comunión en el Cuerpo de Cristo. Por esa misma Palabra y Espíritu, Dios guía y preserva a esa nueva humanidad redimida. La Iglesia no es una institución o denominación religiosa. Más bien, la Iglesia universal está compuesta por aquellos que se han convertido en genuinos seguidores de Jesucristo y que se han apropiado personalmente del Evangelio. La Iglesia existe para alabar y glorificar a Dios como Padre, Hijo y Espíritu Santo. También existe para servirlo a Él haciendo Su voluntad fielmente en la tierra. Esto implica el compromiso de que el Evangelio sea predicado e iglesias sean plantadas en todo el mundo como un testimonio. Luego de su conversión, los hombres y mujeres que han sido redimidos son añadidos a una iglesia local en la cual ellos se consagran a la enseñanza, la comunión, la Cena del Señor, y la oración. El Cristo ascendido ha concedido dones de ministerio a la iglesia (incluyendo apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros) para la edificación del cuerpo de Cristo, a fin de que madure y crezca. A través de estos dones de ministerio, todos los miembros de la iglesia han de ser alimentados y equipados para la obra del ministerio. El liderazgo en la Iglesia es masculino, y en el contexto de la iglesia local, el pueblo de Dios recibe cuidado, dirección pastoral y la oportunidad de usar sus dones dados por Dios para Su servicio, el cual consiste en servirse los unos a los otros y al mundo.

LOS SACRAMENTOS DE LA IGLESIA 

El bautismo en agua es solo para aquellos que han recibido el beneficio salvador de la obra expiatoria de Cristo y que así han venido a ser Sus discípulos. Por tanto, en obediencia al mandato de Cristo, y como testimonio ante Dios, la Iglesia, uno mismo y el mundo, todo creyente debe ser sumergido en agua en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. El bautismo en agua es una demostración visual de la unión de una persona con Cristo en la semejanza de su muerte y resurrección. Significa que ha sepultado o dado muerte a su antigua manera de vivir, y representa vívidamente en dicha persona, su liberación del dominio del pecado. Al igual que con el bautismo en agua, en la Cena del Señor han de participar solamente aquellos que se han convertido en seguidores genuinos de Cristo. Esta ordenanza simboliza el quebranto del cuerpo de Cristo y el derramamiento de Su sangre por nosotros y ha de ser observada repetidamente a lo largo de la vida cristiana como una señal de nuestra participación continua en los beneficios expiatorios de la muerte de Cristo. Al participar de la cena del Señor con una actitud de fe e introspección, recordamos y proclamamos la muerte de Cristo, recibimos sustento espiritual para nuestras almas, y denota nuestra unidad con otros miembros del cuerpo de Cristo.

LA CONSUMACIÓN 

La Consumación de todas las cosas incluye el glorioso regreso personal y visible de Jesucristo, la resurrección de los muertos y el traslado de aquellos vivos en Cristo, el juicio de los justos y los impíos y el cumplimiento del Reino de Cristo en los cielos nuevos y la tierra nueva. En la Consumación, Satanás con sus huestes y con todos aquellos que no estén en Cristo serán finalmente separados de la benevolente presencia de Dios, sufriendo el castigo eterno, pero los justos en cuerpos gloriosos vivirán y reinarán con Él para siempre. Casada con Cristo como su legítima Esposa, la Iglesia estará en la presencia de Dios para siempre, sirviéndole y dándole alabanza y gloria interminables. Entonces, la anhelante expectación de la creación será consumada, y toda la tierra proclamará la gloria de Dios que hace todas las cosas nuevas.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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